Introducción
Un plato, al parecer de origen francés, exquisito; al que hay que preparar con tiempo, al menos dos días de antelación.
Esta receta me la ha pasado mi amigo Alberto, en cuya casa he probado y me ha parecido que pese a su aspecto de guiso negruzco es una de los platos mejores que he probado en mi vida. Fue una comida memorable...
Instrucciones
- En una olla ponemos las piezas la carne de la liebre. Se agregan las especias, se añade con el vino y se deja reposar macerando toda la noche.
- Al día siguiente se pica la cebolla y la freímos con un par de dientes de ajo hasta que se dore.
- Escurrimos la carne (conservando el vino), la pasamos por harina y se fríe en abundante aceite de oliva caliente para que doren. Escurrir y reservar.
- Vamos majando los sesos el hígado y los riñones en el mortero, si tenemos la sangre también la añadimos en el majado y una vez hecho ,reservamos.
- Se cuela el vino y, en la misma olla, echamos la carne de liebre ya frita.
- Echamos encima la cebolla, agregamos el majado de vísceras y tapamos nuevamente con el vino.
- La mezcla la ponemos a hervir fuerte unos 5 minutos aproximadamente para conseguir evaporar el alcohol y a continuación, reposadamente, la dejamos cocer lentamente durante una hora y media.
- Se deja enfriar y, cuando el guiso esté a una temperatura templada, retiramos la carne y trituramos la salsa (con chino o una batidora minipimer), y se vuelve a poner todo otra vez en la cazuela.
- Aquí hay un dilema. servir el guiso o dejarlo reposar 24 horas más. Esta última opción mejora un 200 por 100 el guiso.
Un consejo...
El secreto del civet es dejarlo que la salsa se oxide 24 horas más. El milagro es que una salsa más bien ácida la habremos convertido en una salsa dulce y exquisita.
Si se tiene prisa un truco para endulzar el civet es rectificar con mole o cacao más bien puro (chocolate 70%)
La guarnición idónea es pan frito.